miércoles, 26 de septiembre de 2012

Mariano Fernandez Anguita

MFE: Web de Mariano Fernandez Anguita



   2º Congreso de Educación Tecnológica
Conferencia inaugural
   CEDUTEC 2012
   El vídeo completo está disponible aquí
Resumen:El desarrollo tecnológico, sobre todo el de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y en particular su expresión en los nuevos medios sociales (NMS), los servicios de redes sociales (SRS) y las comunidades en línea (CEL), están alterando radicalmente el lugar del aprendizaje en las relaciones sociales, de la educación en el aprendizaje y de la escuela en la educación. Nuestro modelo escolar se basa en el privilegio de que la institución era la ventana al mundo y el supuesto de que el acceso a la información resultaba altamente costoso, por lo que ésta debía ser vehiculada por el programa, el profesor y el libro de texto. Hoy, sin embargo, la información está casi al alcance de todos, lo que, paradójicamente genera escasez de conocimiento en la economía y déficit de atención en la escuela. Al mismo tiempo, el conocimiento se torna también más accesible fuera de la institución, y las maneras de acceder a la información y al conocimiento fuera de ella se contraponen y llevan al cuestionamiento de las maneras de hacerlo dentro de ella. En suma, la institución se ve implícita y hasta explícitamente cuestionada en su necesidad y en su idoneidad.
Y es que la sociedad de la información y las redes entraña un cuestionamiento a fondo de las viejas jerarquías de la sociedad industrial y de consumo. Como futuros trabajadores, los estudiantes de hoy deben prepararse para unas relaciones de producción que requieren más autonomía, iniciativa, capacidad de trabajo en equipo, creatividad, etc. que la vieja subordinación a la jerarquía propia del trabajo fabril. De hecho, como trabajadores de su propio proceso de aprendizaje ya se encuentran ante esa demanda, al menos fuera de la institución escolar. Como consumidores presentes y futuros pasan de meros consumidores inermes ante la publicidad a contertulios, digamos lo así, en esas conversaciones que son los mercados. De hecho, como consumidores de educación ya se valen de esas nuevas posibilidades creadas por las redes y están tan poco dispuestos a aceptar sin condiciones los mensajes de la escuela como los de la publicidad. Como nativos digitales, y a pesar de las brechas sociales en el acceso y en el uso, en el entramado de las TIC, los NMS, los SRS y las CEL se forman en una relación con su objeto de actividad y aprendizaje bien distinta de la que la escuela les reservaba. Aprenden haciendo y experimentando, en relaciones de colaboración horizontales, siguiendo sus propios intereses, sin las viejas constricciones de tiempo y espacio, a su propio ritmo y manera, etc. Todo esto sitúa a la institución escolar ante un desafío sin precedentes, el de preparar a las nuevas generaciones para una sociedad en la que la tecnología no es un dato constante para la inmensa mayoría (y una variable para una minoría), sino una variable para todos sobre la que es preciso obtener cierto grado de conocimiento y control. Pero también ante el riesgo de sucumbir ante una tercera brecha digital, la que hoy por hoy mantiene a la institución a la zaga de la sociedad y a la profesión au‐dessus de la mêlée en vez de a la altura de las circunstancias, brecha que amenaza con mantener, si no con agravar, la primera y la segunda.

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