sábado, 19 de noviembre de 2011

Desgaste Microscopico Dientes Homínidos Atapuerca



¿Se graban, pues, en la memoria de nuestro cuerpo, los avatares alimentarios?
Sí.
¿Se graban, asimismo, en la memoria de nuestro cuerpo, nuestros lenguajeares?
Sí.
¿Te Castigaron alguna vez, por decir algo a alguien, Homosapiens patriarcaliensis?
Sí.
¿El lenguaje y lenguajeares, no son acaso públicos, del pueblo, y evolucionado a través de un tronco común, homo sapiens, donde todos ponemos nuestro granito de arena, ¡tooodos y toooodaaas!? (El mirlo también, meladisho, está cantando,conel, nublaoh!)

¿Cómo entonces se puede Castigar a alguien, en particular?
Porque la historia etimológica del Castigo, es la de la casta, y de la castidad. Entrambas tres van o iban, o pretendían ir unidas, en una trinidad. Sin castidad, no hay (o, había: pa los lectores de pasao mañana! :))) Casta. Sin Casta no hay Castigo.

De seguro que el tipo de desgaste alimentario denticular hominido, va a interactuar (co evolución, co-domesticación, esto es evolucion y domesticacion 2.0, sociología y cibernetica de segundo orden, embodied and embedded phenomenology), con la biodiversidad del lugar.

Entonces, el sujeto de estudio, en este interesante tramajo, no son los hominidos, sino el ecosistema todoél.

(NOTA: Bien venida a la "Glueb": un parrafito, donde empiezan a llover, enlaces a gúgel!, gugleando nomás :)))

Todoél, el ecosistema, es de hecho quien escribe este artículo, a través de un narrador humano actual, llamado doctor. El que, a su vez, es también, doctor, en su vida cotidiana. La autoetnografía rompe un pedazo de cuello de botella evolutivo hominido actualiensis, al dejar, en libertad, al sujeto de marras, que aparte de los hominidos trasnochensis, puede hablar y contar, se, a, sí, mis, mo, con toda la plenitud que lo desee, en la seguridad, de que él, nunca estara hablando de si mismo, sino desde un sí en sí, en si misma2, con el entorno, que suena a barril, o torno, o espiral fractal, llamad cuerpo sensible 0.0, el ecobrain, una, tú, mochila, útero, que, te, contiene, y te lleva, de acá para acá, como un atractor, que no es que te ayuda a decidir, sino que, contigo dentro, y tus deseos, decide por tí, te libera de esa atadura. La revolucion cientifica del placer, ha demostrado que es posible vivir felizmente como pirahas, o jiaitiiji! :))), como el feliz de Matthieu Ricard, que evidencia el pasotismo de la realidad, en el que vivía la tribu de la neura neural neurocéntrica; felices como las comunidades indígenas de este Globo Terrá ¿ké? Oh! Y si ahora somos muchos más mejor, así salimos a más endorfinas espejo, por cabeza...

La revolucion cientifica del placer no solo muestra evidencias históricas y actuales, del homo (ex-in) sapiens, sino que nos muestra el camino de regreso al paraíso, digamol..., del sentido (del) común. Si todos hacemos, lo que deseamos hacer, ese deseo hecho hacer y vivir, nos facilita, por el siempre bacteriano consenso, el vivir desde el deseo y no desde la carencia (Casilda Rodrigáñez), como máscara (Caparazón Coraza de Wilhem Reich).

El paisaje habla en todos los testox. Tú hablas lo que escuchas y ves, miras, y captas con atencion. Como es el paisaje, o territorio, quien habla, tu lo que eres es un redomado abusón (neuróticos cerebrocéntricos!), pues te apoderas, te posesionas, de una parte del sistema, como si fuera el todo. Y qué casualidad, pones el centro en un extremo, a diferencia de los chinos, en el vientre, qué casualidad, ahora anunciado como el ¿segundo? ¿O primero? Cerebro, por las revistas científicas. Tú solo fíjate si te tuvieras que alimentar, como castigo, durante una semana, de sesos, apitracarte, atracarte de sesos, a ver quien bate el record. Y en cambio, mira en un corte transversal, del vientre, la diversidad de organos, organillos, organismos, y orgamos, que hay, suceden, acontecen, devienen, fluyen, desaguan, evacúan... (huyyyy...), cuantas especies pasan por ahí en una vida, tú eres el primero, nacido de un vientre, que parece que es super antiseptico la placenta, y en nuestra primera vida, andamos, en ese sentido, en soledad...


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