miércoles, 2 de septiembre de 2009

´´ Cuando nació la generación a la que pertenezco, encontró al mundo desprovisto de apoyos para quien tuviera cerebro, y al mismo tiempo corazón....
Nacimos en plena angustia metafísica, en plena angustia moral, en pleno desasosiego político.
Fernando Pessosa. El libro del Desasosiego.


´´ Si tuviéramos una ciencia con el valor y la fuerza de responsabilidad para ocuparse del hombre y no solamente de los mecanismos de los fenómenos vitales, si tuviésemos algo como lo que debería ser una antropología, algo así como una psicología, serían conocidas estas realidades de todo el mundo ´´.-
Lobo Estepario. Herman Heeisse.


.La decisión de la comunidad científica en el siglo XIX de desistir en el intento de comprender y de acercarse a la vida mental del cerebro les dejó energía y tiempo
para atender a todas las demás cuestiones. Este cambio de enfoque permitió el crecimiento exponencial de las ciencias físicas y biológicas. Los místicos, los filósofos y los poetas se quedaban solos en la búsqueda metafísica de la matriz del conocimiento y del saber: el alma.
El gran concepto soñado por los pensadores de la ilustración de unificar todo el saber en una ciencia integradora e inclusiva fue lapidado por el pragmatismo y el utilitarismo; basta con saber lo necesario de algo, para que funcione.


´ ´ Hoy, los cerebros son onerosos. Metabólicamente, se entiende. Gramo a gramo, el cerebro humano exige una ingente cantidad de energía para posibilitar el lenguaje y las habilidades sociales que son de evolución reciente. Un estudio ofrece ahora pruebas robustas de que nuestro cerebro, de tan elevado consumo metabólico, pudo haber creado un subproducto nada feliz: los fallos energéticos pueden desembocar en esquizofrenia.
Se ignoran las causas exactas de la esquizofrenia, una enfermedad debilitante que se caracteriza por psicosis y graves deficiencias cognitivas. Hace años que se avanzo la tesis que le atribuía a un elevado metabolismo de nuestro cerebro, pero hasta ahora no se había ideado ninguna forma de verificarla.
En el nuevo estudio una rara combinación de genética evolutiva y de medicina, investigadores de China, Alemania y Reino Unido, cotejaron la expresión de genes (el momento y el lugar en el que se hayan activos en nuestro cuerpo) y las concentraciones post-mortem de metabolitos en cerebros de personas sin esquizofrenia y las correspondientes a cerebros de chimpancés, macacos rhesus y humanos esquizofrénicos. Se determino que los genes y los metabolitos que sufren alteraciones en la esquizofrenia dan señales de haber mutado rápidamente en la evolución humana reciente. Y lo más importante: están relacionados con el metabolismo energético.
Dado que estas mutaciones pudieron haber acontecido en tiempos recientes ( a escala evolutiva), es posible que nuestra especie no haya podido desarrollar todavía soluciones para los problemas energéticos que se le presenten. Así, al menos, opina Philip Khaitovich, uno de los coautores del estudio, miembro del equipo Max Planch e Instituto de biología computacional de la Academia de Ciencias de China, de Shangai. Khaitovich conjetura que el cerebro podría estar funcionando al límite de sus Facultades de regulación energética, por lo que sería fácil algún fallo, como en el caso de la esquizofrenia.
Mathews Keller, de la universidad de colorado en Boulder y especialista en evolución del comportamiento, que no participó en el estudio, considera que éste pudiera comenzar a explicar por qué existe la esquizofrenia, pero no explica por qué ciertas `personas sufren mayor predisposición que otras a la enfermedad.
Khaitovich está de acuerdo en que, si bien el trabajo es sólo un atisbo en los mecanismos responsables de las singulares facultades que poseemos, los hallazgos registrados sitúan al metabolismo en el centro de futuras investigaciones. Cuando comprendamos lo que confiere a nuestro cerebro su singularidad, podremos entender lo que falla y provoca la esquizofrenia.´´
-RACHEL MAHAN. (2009) Mente y cerebro. Psicología de la Risa.
Revista de investigación y ciencia ( Barcelona), 6.

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