jueves, 20 de junio de 2013

Problemas de Málaga

OPINIÓN. Ciudad Taró. Por Fernando Ramos Muñoz
Arquitecto. Creador de @sinarquitectura y @malagalab


19/06/13.
 Opinión. El colaborador de EL OBSERVADOR /www.revistaelobservador.com Fernando Ramos rinde tributo al arquitecto Javier Carvajal Ferrer, fallecido el pasado viernes en Madrid a los 87 años, rescatando uno de sus escritos, en el que define “claramente lo que debe ser el papel del arquitecto contemporáneo respecto de la ciudad”. “Al publicarse la carta en la monografía sobre Carvajal que editó el Colegio de Madrid en 1991, el propio arquitecto añadió una nota para constatar la plena validez de los argumentos ¡24 años después!, y de paso denunciar la ineficacia de los planteamientos del Ayuntamiento, sordo, ciego y mudo ante propuestas innovadoras de gestión de la ciudad. Hoy, 22 años tras esa edición, transcurridos 46 años desde que se escribiera la carta original, y situados en otra ciudad española, como es Málaga, con su propio Colegio y colectivo de arquitectos (muchos de los cuales fueron formados por el propio Carvajal), la situación es, inexplicablemente, la misma” remarca Ramos.

http://www.revistaelobservador.com/index.php/opinion/ciudad-taro/7745-problemas-de-malaga.html

Problemas de Málaga 

EL
 pasado viernes, 14 de Junio de 2013, fallecía en Madrid el arquitecto Javier Carvajal Ferrer, a los 87 años de edad. Los muchos que conocen su trayectoria profesional y sus obras escritas, proyectadas o construidas son conscientes del papel central y decisivo que ocupa en el panorama de la arquitectura española del siglo XX. O, mejor dicho, en el continuo temporal de la arquitectura, porque, como decía él, nuestro tiempo no es el de nuestra generación o nuestra escuela, sino aquel en el que aportamos nuestro trabajo, creatividad y visión arquitectónica personal. Tiempo que, en su caso, se va a alargar hasta muchísimo después de su desaparición física, dada la calidad, abundancia y omnipresencia de su legado.
LOS que, además, tuvimos la suerte de conocer su labor docente siendo sus alumnos, sabemos que, a pesar de la brillantez abrumadora de su trayectoria académica y profesional, es ahí, en la enseñanza de la arquitectura y la construcción de la conciencia y la responsabilidad de ser arquitecto donde se concentra verdaderamente lo más valioso e irrepetible de su obra. Por encima incluso de muy innovadores planteamientos académicos, es en la pasión inagotable, el compromiso irreductible, la fuerza vehemente, la honradez a toda prueba, la denuncia insobornable, la capacidad de galvanizar y comunicar al alumno, y la celebración cotidiana de la arquitectura, donde reside, en mi opinión, su legado más importante para próximas generaciones de arquitectos; la construcción de la conciencia íntima del arquitecto como profesional al servicio permanente de la sociedad, anticipándose a las necesidades colectivas, ofreciendo siempre más de lo que se le pide, alerta de su responsabilidad para con sus semejantes y con el entorno artificial construido colectivamente. Para Carvajal, se es plena y constantemente arquitecto o no se es; sin renuncias, sin componendas, sin excusas, en lo grande y en lo pequeño, en lo propio y en lo común, en la vivienda, en la ciudad y en el territorio.
REPASANDO algunos de sus textos he vuelto a dar con una carta que dirigió en 1967 a la Revista del Colegio de Arquitectos de Madrid, donde, fiel a sí mismo, proponía nuevas vías de trabajo proactivo para la arquitectura, desde la conciencia de corresponsabilidad en la construcción de la ciudad de Madrid, y denunciaba a la vez la falta de iniciativa, el verso suelto, el aislamiento, el escaso compromiso con la tarea común de quienes debían estar permanentemente en primera fila y asumir su compromiso para con la ciudad de todos. Carta que, por cierto, me reafirma en que la clave para dar respuesta al arquitecto del siglo XXI está escrita y proyectada coralmente en los años 60/70 del siglo XX.
AL publicarse la carta en la monografía sobre Carvajal que editó el Colegio de Madrid en 1991, el propio arquitecto añadió una nota para constatar la plena validez de los argumentos ¡24 años después!, y de paso denunciar la ineficacia de los planteamientos del Ayuntamiento, sordo, ciego y mudo ante propuestas innovadoras de gestión de la ciudad. Hoy, 22 años tras esa edición, transcurridos 46 años desde que se escribiera la carta original, y situados en otra ciudad española, como es Málaga, con su propio Colegio y colectivo de arquitectos (muchos de los cuales fueron formados por el propio Carvajal), la situación es, inexplicablemente, la misma.

DE un lado, la burocracia política, tecnócrata, fáctica, enredada en sí misma y casi siempre al servicio de miopes intereses particulares, que exhibe el Ayuntamiento, sigue entorpeciendo la construcción equilibrada de la ciudad, desoyendo tanto críticas como propuestas ajenas, echando a perder oportunidades y patrimonio común, y generando nuevas hipotecas para próximas generaciones; del otro, el colectivo de arquitectos, tanto desde el Colegio que los representa, como individualmente, no acaba de asumir plenamente su corresponsabilidad, ni de explotar su capacidad proactiva, contentándose con su papel colaborador en la industria inmobiliaria y de la construcción, y regodeándose en una cierta actitud contemplativa y resignada sobre la evolución de la ciudad como hecho ajeno e inevitable. Se demuestra a diario que la mera crítica que acompaña infaliblemente a los hechos consumados no varía ni mejora un ápice la trayectoria de la ciudad, repitiéndose los mecanismos viciados de gestión una y otra vez.
NO deja de sorprender que se defina tan claramente lo que debe ser el papel del arquitecto contemporáneo respecto de la ciudad en un escrito de hace medio siglo. El arquitecto de los próximos años será proactivo y con iniciativa propia o no será, devorado por otras fuerzas y agentes urbanos que se postulan a diario como fundamentales en el diseño de la ciudad, sin serlo realmente, pero que acaban influyendo notoriamente en las grandes decisiones; la tarea del colectivo y de los Colegios será de fomento, recopilación, archivo y divulgación eficaz de propuestas e iniciativas, estímulo de participación crítica de arquitectos y ciudadanos, conexión entre éstos y la administración y otros agentes, y garante de la calidad y el espíritu crítico en la arquitectura y el urbanismo, o se verá relegado en su papel social hasta extremos insignificantes, arrollado por burocracias y presiones políticas y económicas desde todos los niveles de responsabilidad y actuación.
RESPECTO a la ingente labor de Javier Carvajal en la construcción de un arquitecto fuertemente concienciado de su responsabilidad individual y colectiva respecto a la conformación de la ciudad, no se me ocurre homenaje más apropiado que contribuir a la continuidad de su tarea, transcribiendo nuevamente su carta, sin quitar ni poner una coma, medio siglo después de ser escrita, intentando de paso que surta algún efecto positivo, en este caso, sobre la ciudad Málaga, sus profesionales y organismos competentes.
POR desgracia, se diría escrita a propósito; por fortuna, aún seguimos estando a tiempo.

“Problemas de Madrid” Javier Carvajal. Madrid, 1967
…DÍA a día, los arquitectos hemos visto crecer a nuestro alrededor los problemas de Madrid. Y cuando te digo los arquitectos quiero decir tú y yo y otros muchos como tú y como yo, no los organismos más o menos vinculados a la Arquitectura, no los departamentos de la administración, sino todos y cada uno de los que individualmente (y también están ahí los arquitectos de esos mismos organismos y departamentos) nos sentimos partícipes en la tarea de configurar el ámbito habitable y de convivencia de los hombres.
Y, ante esos problemas, cada vez más angustiosos, nos hemos ido lamentando de la falta de planteamientos generales, de las equivocadas medidas que se han ido tomando, de lo poco que se ha previsto para el futuro, de los defectos del plan general establecido, de sus errores de concepto, de la mezquindad de las ordenanzas, del criterio de su aplicación, del increíble sistema burocrático de las tramitaciones, de los emplastos y parches que a nuestro Madrid -y te lo digo yo, que soy de Barcelona- le han aplicado y le están por aplicar. Y así, en nuestras tertulias y en nuestras sesiones de crítica, en nuestra Revista e incluso en las Aulas de nuestra Escuela Técnica Superior, hemos ido llorando sobre el bien perdido; lo poco que se hace, lo mucho para lo que ya es tarde y lo muchísimo que aún se podría hacer.

MUCHOS de nosotros hemos gastado horas y horas pensando en soluciones para mejorar Alcázar de San Juan, Cintruénigo o, incluso, Praga; hemos gastado mucho dinero participando en mil concursos: de Berlín o de Bilbao, que para el caso da lo mismo, donde algunos ganaron y otros muchos no sacaron otra cosa que el deportivo éxito de participar.
PERO por Madrid, por ese Madrid que se nos está muriendo de asfixia y de trombosis, hemos hecho muy poco. Hemos comentado, eso sí, hemos criticado, ¡cómo no!, y hemos dicho que la culpa es de éste, o de aquél, o del de más allá, incluso.
LO que quiero decirte ahora es que los arquitectos sueltos, la profesión como suma de individualidades, no pueden limitarse a la mera contemplación y al mero lamento, ni a decir que ya nosotros lo habíamos dicho o que “si a mí me hubieran dejado...”
YO sé que nadie nos pide vela en este entierro -y de entierro se trata, realmente- ; yo sé que ahí están los "organismos competentes", yo sé que el problema es arduo. Pero justamente por eso no podemos permanecer inactivos.
LOS “organismos competentes” ahí están para hacer posible esa idea que a lo mejor se te ha ocurrido a ti, o a mí, o a cualquiera de nosotros. Pero tendremos que hacerles llegar esas ideas primero y no solamente esperar a que se les ocurran a otros, porque a lo peor, no se les ocurren. Y tendremos que sugerir posibilidades y señalar caminos porque ¿quién sino nosotros, que hemos hecho de nuestra profesión, o así lo decimos, voluntario servicio a la sociedad en el aspecto edificatorio y del planeamiento urbano, podría hacerlo?
A todos nos interesa que esta ciudad remedie sus problemas y salga al paso de futuras catástrofes que la acechan y ya se adivinan, pero a nosotros, los arquitectos, no sólo nos interesa, sino nos incumbe, puesto que nuestra responsabilidad y dedicación exigen que aportemos nuestro esfuerzo de sugerencia cuanto menos en esta cuestión en que, indudablemente, tenemos mucho que decir.
TE propongo que te hagas portavoz desde la Revista de una idea insensata, pero que me parece hermosa: la de pensar, entre todos (que no quiere decir todos juntos, pero sí en grupos operativos eficaces), soluciones totales o parciales para los males de Madrid, en una especia de concurso voluntariamente sin premios a ver quién o quiénes sugieren mejores ideas, con libertad total de planteamiento, sin miedo a las trabas de propiedad del suelo, o con él, sin compromisos de tipo político, de presiones de grupos, con la sola intención del bien común, que es, en el fondo, bien de cada uno. Ideas que pudieran ir desde un plan completo de cara al futuro hasta una solución modesta para salvar unos árboles, que ya van quedando tan pocos, en cualquier rincón de la Villa.
Y luego, si las ideas llegan, en lugar de un fallo con tribunal, se podría organizar, con la ayuda de los que quieran ayudar, una gran exposición, publicar artículos, seleccionar y agrupar las ideas mejores y ofrecérselas a esos “organismos competentes” a los que, a veces, criticamos, pero no solemos ayudar y que, abrumados por mil contingencias de todo tipo, aun queriendo, sin duda, no pueden muchas veces hacer sino lo que hacen.
Y eso quedaría ahí: en el papel impreso, en la calle, en la conciencia. Y luego ya se vería.
 que la idea es absurda, como es absurdo e ingenuo casi todo lo serio y lo noble, desde aventurarse en mares desconocidos para encontrar el camino de Indias, hasta subir a la cumbre con mil esfuerzos sólo por ver dormirse el sol en el horizonte o partir nuestro pan con el que no lo tiene.
NOTA de ahora mismo. Javier Carvajal. Madrid, 1991. “Lo dicho el año 1967 tiene hoy idéntica validez, 24 años más tarde ¡vaya operatividad! ¿Por qué el Ayuntamiento no escucha, ni imagina, ni hace más que poner parches silenciando problemas?”

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